Bicentenario del nacimiento del maestro Cecilio Acosta

“La paz es la única condición y el único camino para el adelanto de los pueblos (…)
Necesita la nación funcionarios probos, moral social, hábitos honestos, amor al trabajo, legisladores entendidos, leyes que se cumplan, y que la virtud suba, el talento brille, la ineptitud se esconda”.
Una lumbrera
Aunque su apariencia era apacible, su cabeza era un gran hervidero de ideas y fuente de virtudes. Vivió la angustia del conocimiento y también la voluntad de rendir permanentemente amor al suelo patrio. Tenía tal capacidad de interpretación y de análisis crítico de la realidad, que decía por allí que de haber tenido oportunidad de llevar a cabo sus ideas desde el poder, hubiera podido representar para Venezuela, lo que Alberdi o Sarmiento para la Argentina.Su visión humanista lo hizo gran promotor del derecho de todas y todos, a la educación, la identidad, la cultura; y a su vez, a la formación de ciudadanos y ciudadanas en los más altos valores civilistas. En su opinión, la educación, debía ser práctica y útil para la vida; y democrática, pues “la luz que aprovecha más a una nación no es la que se concentra, sino la que se difunde”. Fue también un convencido de que educar no consiste en formar solo al individuo para su propio provecho, sino hacer de él, al mismo tiempo, un elemento útil para la sociedad. Dicha concepción, evoca y celebra claramente los planteamientos del maestro Simón Rodríguez.

Don Cecilio tenía firmes convicciones y para nada fue complaciente. Muchos aseveran que fue un hombre de una sola pieza. Y en efecto fue profundamente crítico, pero siempre con ideas y propuestas a manos llenas para transformar la realidad. Sus reflexiones sobre el país, la educación, la política y todos aquellos temas nacionales que le generaran interés y preocupación, las entregó, a través de las páginas de los periódicos La Época, El Liberal, El Centinela de la Patriay la Tribuna Liberal. Vale mencionar que muchas de sus opiniones permearon la pugna entre conservadores y liberales; y la mayoría chocaron contra la visión de gobierno de Antonio Guzmán Blanco. De modo que debió resistir y enfrentar diversos ataques, e incluso el intento de acallarlo.

En todo caso, junto a Fermín Toro y a Rafael María Baralt, es considerado uno de los grandes exponentes humanistas de la segunda mitad del siglo XIX. Lo cierto es que don Cecilio fue sencillamente una mente brillante. Popularmente diríamos que fue “una lumbrera”.

De humilde cuna
San Diego de los Altos, en el estado Miranda, lo vio nacer en humilde cuna, el 1 de febrero de 1818. Fue hijo de Ignacio Acosta y Margarita Revete Martínez. Su padre fallece a los diez años, y el joven es enviado al cuidado del párroco Mariano Fernández Fortique, quien además de educador era también un reconocido orador y escritor.En 1831 se incorporó en los estudios superiores de teología en el Seminario Tridentino de Santa Rosa en Caracas, donde además se formó de manera autodidacta leyendo literatura clásica. Entre los grandes aportes cristianos y poéticos con los cuales se identificó destacan los de Santo Tomás, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y Fray Luis de Granada. Sin embargo, dejó el seminario y se inscribió en la Academia Militar de Matemáticas que dirigía Juan Manuel Cajigal, de donde egresó con el título de Agrimensor (rama de la topografía). En sus anotaciones, Cajigal lo considera como un joven sobresaliente.

Para llevar el pan a su casa trabajó como maestro en diversos planteles, y a la par, en 1840 inició estudios de Teología y Derecho Canónico en la Universidad de Caracas. Este mismo año se inscribió en Filosofía y Derecho, y en 1848 obtuvo el título de abogado. Por esa temporada, debió pedir una beca para poder finiquitar los trámites de culminación de estudios, debido a sus grandes limitaciones económicas. Nunca ejerció como abogado, pero se enamoró del periodismo, y sobre todo del trabajo intelectual, actividades a las que se entregó fervorosamente.

Apenas se graduó pasó a formar parte del Claustro Universitario, al ser nombrado Secretario de la Facultad de Humanidades. En 1853 se estrenó como profesor titular de la Cátedra de Legislación Universal, Civil y Criminal, y también fue docente de Economía Política. Dicen que la muchachada lo buscaba, y que la mayoría lo valoraba como un referente de gran importancia.

Sobre Acosta, refirió Sambrano Urdaneta que se mantuvo “apartado de la actividad burocrática y ganó con ello independencia de criterio y tiempo para el estudio y la meditación”. Actitud que le permitió ser uno de los pocos “que en el siglo XIX trataron de poner ideas sin personalizarlas”.

La cultura productiva
En su opinión, la cultura no es solo aprendizaje de los clásicos. Para el maestro, la cultura popular “tiene la misión de redimir al enemigo del hambre, al mismo tiempo que del atraso”. En tanto, la cultura es también el aprendizaje de oficios, artesanías y conocimientos mecánicos. De modo que la cultura está íntimamente ligada a lo productivo. De hecho, una de sus críticas fundamentales a la universidad era que justamente producía académicos, “una institución anquilosada”, donde “se reciben títulos y no se deja nada en cambio”. Al igual que Andrés Bello, consideró que el sentido de la Universidad y el conocimiento que allí se produce, mediante trabajos científicos y de investigación, deben contribuir con el desarrollo de la Patria.
Don Cecilio y José Martí
El poeta y revolucionario José Martí fue gran admirador de Acosta, con quien además compartió la pasión bolivariana. Mientras el cubano estuvo en el país, en 1881, lo visitó al menos dos veces por semana a su casita de Santa Rosalía, de Velásquez a Santa Rosalía, Nº 103, donde participó en diversas tertulias junto con el arzobispo Guevara y Lira y Lisandro Alvarado, entre otros. Sobre estos encuentros, el propio Alvarado escribió: “(…) tuve oportunidad de conocer personalmente al orador (José Martí), en ocasión de hallarme en casa del licenciado Cecilio Acosta. De visita llegaron al mismo tiempo el Arzobispo, Martí y el señor Rincón, colombiano… Lo que era posible para mí era callar delante de aquellos hombres, callar. ¡Cuán interesante me fue la personalidad de aquel hijo de Cuba! Sus modales, cortesanos y distinguidos; su conversación, viva y afable, su imaginación, presta e inquieta. Mantenía una sonrisa benévola, un aire de ingenuidad que servía para disimular su vasta erudición… Y en Acosta el mismo engaño, avivado más y más con el modestísimo aspecto del aposento donde aquél recibía de ordinario a sus amigos”.A su muerte, el 8 de julio de 1881, Martí dedicó un escrito a don Cecilio, a quien consideró “uno de los seres más puros de la tierra”, en el cual exaltó lo luminoso y magnánimo del pensamiento de este intelectual. Su aprecio por Acosta fue la razón para que el Ilustre Americano le exigiera salir del país.

Homenaje de Martí a Cecilio Acosta
“Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará gozo con serlo”.“Lo que supo, pasma (…) Quería hacer la América próspera y no enteca; dueña de sus destinos, y no atada como reo antiguo a la cola de los caballos europeos. Quería descuajar las universidades, y deshelar la ciencia, y hacer entrar en ella savia nueva (…) Anhelaba que cada uno fuese autor de sí, no hormiga de oficina, ni momia de biblioteca, ni máquina de interés ajeno (…) Mas que del Derecho Civil, personal y sencillo, gustaba del derecho de las naciones, general y grandioso. Como la pena injusta le exaspera, se da al estudio asiduo del Derecho.

Penas, para hacer bien. Suavizar: he aquí para él el modo de regir (…) Abrió vías que habrán de seguirse; profeta nuevo, anunció la fuerza por la virtud y la redención por el trabajo. Su pluma siempre verde, como la de un ave del Paraíso, tenía reflejos de cielo y punta blanda (…) Los que le vieron en vida, le veneran; los que asistieron a su muerte, se estremecen. Su Patria, como su hija, debe estar sin consuelo; grande ha sido la amargura de los extraños; grande ha de ser la suya. ¡Y cuando él alzó el vuelo, tenía limpias las alas!”

Publicado en Ciudad Caracas, 1 de febrero de 2018. Pág. 13. http://ciudadccs.info/don-cecilio-acosta-hombre-justo/
Anuncios